jueves, 24 de septiembre de 2009

el queso de cada día



El queso es algo fantástico. Es concentrar un mar de leche con toda su fuerza, sus olas y tormentas, en una inócua píldora.

No es casual que la rata, bicho ligado al queso ipsofacto en el inconciente colectivo, sea tan detestada y evitada por todos nosotros. Quizás somos más parecidos a ellas de lo que queremos saber y por eso las evitamos y enterramos su existencia en infantiles alcantarillas. Quizás nos dan vergüenza ajena porque análogamente ponen de relieve, sin prurito alguno, como nos apoderamos de un mundo para ensuciarlo y enchastralo. Como nos avalanzamos como locos, pisoteándonos los unos a los otros. Como somos ciegos y desaforados. Y como en realidad no hacemos más que escondernos. Escaparnos de los otros y de nosotros mismos. Horrorizados nos tapamos los oídos porque la rata nos dice como nos cuesta salir a la luz y mirar el sol sonriendo cada primavera loca.

Tal vez cuando me como un queso... pienso que esta píldora me cura. Tal vez nos cure a todos. Tal vez las pobres ratas tienen esa idea y nosotros hacemos queso... y por eso, en competencia desleal, nos detestamos. Por eso se avalanchan [como también nosotros nos avalanchamos...]

Pero el día que nos miremos tête-à-tête con nuestras propias (e)-ratas y tomemos conciencia de nuestro correr ciego hacia quien-sabe-qué, hará efecto esta mágica medicina en toda la Vía láctea y podremos hablar de evoluciones y progresos.



2 comentarios:

  1. Llegué a tu blog por mi hermana, que también es empa-lagosa, y no puedo evitar comentar que me encanta lo que hacés...

    Te felicito.
    Simplemente (o complejamente) es genial.

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